El 8 y el 9 de julio de 2026 se realizó el Festival de Innovación y Futuro UC en el Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El encuentro reunió a académicos, emprendedores, ejecutivos e inversionistas. Participaron representantes de la propia universidad, Duoc UC, Banco Bci, CMPC Ventures, Corfo y Harvard Business School, entre otras organizaciones. Cada exposición abordó experiencias distintas, aunque a lo largo de la jornada apareció una idea común: la innovación depende cada vez más de la capacidad de conectar conocimientos y disciplinas de distinto origen.
La innovación aparece cuando tecnología, procesos y personas se conectan
Dentro de una institución, conectar conocimientos implica que la tecnología incorporada cambie la forma de trabajar. Una herramienta sumada sin revisar los procesos ni desarrollar capacidades en los equipos deja todo como estaba. Avanzar de manera articulada implica revisar cómo se realizan ciertas tareas y cuestionar problemas que se han normalizado con el tiempo. Sin esa revisión, incluso una plataforma avanzada termina usándose dentro de la misma lógica de trabajo de siempre.
Implementar una plataforma requiere conocimiento tecnológico, comprensión de los procesos, gestión del cambio y experiencia en el contexto institucional, algo que rara vez reúne una sola área. De ahí que la colaboración entre unidades sea una capacidad que las organizaciones necesitan desarrollar. Cuando cada unidad trabaja por su cuenta, la información se fragmenta y las decisiones pierden perspectiva.
Aprender de otros es una capacidad organizacional
Parte de esa colaboración ocurre fuera de la propia institución. El panel "Humanos + IA: la próxima gran invención" y la participación de Brian Walker, executive fellow de Harvard Business School, reunieron miradas de contextos muy distintos sobre cómo analizar problemas y decidir en escenarios de incertidumbre. Cuando la tecnología y las expectativas de usuarios y ciudadanos cambian con rapidez no existe una hoja de ruta única, por lo que incorporar experiencias ajenas y ajustar las decisiones en el camino pasa a formar parte de la gestión.
En instituciones educativas y públicas, ese aprendizaje se pone a prueba frente a desafíos concretos: información dispersa, procesos manuales que consumen tiempo o la intención de incorporar inteligencia artificial sin una estrategia clara. La tecnología ayuda a resolverlos cuando antes se ha definido qué decisión se quiere mejorar o qué proceso se busca simplificar, porque esa definición orienta la elección de la herramienta, la forma de medir sus resultados y las capacidades que necesitarán los equipos. Por eso cualquier iniciativa de innovación o transformación digital debería partir por el problema que se quiere resolver, antes de seleccionar la tecnología.
Autora: Ayleen Madrid Quezada
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