Masterclass Nadie te preparó para esto — Sergio Bijman, FEN UChile 2026
Masterclass "Nadie te preparó para esto" — Sergio Bijman | FEN UChile Unegocios, 2026

El 19 de mayo de 2026 se realizó la masterclass "Nadie te preparó para esto", organizada por Unegocios de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, dictada por Sergio Bijman y moderada por Andreina Ortiz Ordoñez. La conversación abordó una tensión cada vez más visible. Las personas ya incorporan la inteligencia artificial (IA) en su trabajo cotidiano, mientras las organizaciones todavía definen cómo integrarla. Tres de cada cuatro chilenos utilizan herramientas de IA, aunque la mayor parte de ese uso se concentra en búsquedas y tareas simples.

Utilizar inteligencia artificial no equivale a transformar el trabajo

Usada de ese modo, la IA ahorra tiempo a cada persona sin cambiar la manera en que se distribuye y ejecuta el trabajo. Ese cambio comienza cuando la organización revisa sus procesos completos y decide qué tareas mantiene, cuáles delega a una herramienta y cuáles necesita rediseñar. La misma revisión obliga a redefinir las funciones de quienes traspasan parte de su trabajo a un sistema automatizado.

Rara vez esa revisión llega antes que la adopción. El uso de IA avanzó desde las personas y se adelantó a las políticas institucionales, sin criterios claros sobre seguridad o privacidad, de modo que las organizaciones conviven con estas herramientas sin haberlo decidido. El desafío consiste en ordenar ese uso disperso hasta convertirlo en una capacidad institucional, lo que requiere conocer qué herramientas se usan y qué información circula por ellas antes de identificar las competencias que faltan en los equipos.

Del asistente al agente cambia el lugar de la intervención humana

La masterclass abordó también la diferencia entre un asistente y un agente. Con un asistente, cada acción depende de una persona que da la instrucción y decide qué hacer con la respuesta, mientras que un agente recibe un objetivo, lo divide en tareas y las ejecuta con mayor autonomía dentro de un proceso. La persona deja entonces la ejecución directa para concentrarse en definir objetivos y supervisar resultados, un cambio que abre la posibilidad de rediseñar flujos completos de trabajo.

Con más tareas en manos de agentes, crece el peso del juicio humano y de la definición de prioridades. Cada acción delegada exige saber quién responde por ella y en qué casos requiere validación, además de dejar registro de lo que el sistema hizo. Por la misma razón, incorporar agentes sobre procedimientos fragmentados puede terminar automatizando ineficiencias. Comprender los propios procesos sigue siendo el primer paso.

En las organizaciones, la transición no ocurrirá de una sola vez. Algunas tareas seguirán a cargo de personas, otras se apoyarán en asistentes y una parte creciente quedará en manos de sistemas con mayor autonomía. Comprender esa combinación será uno de los desafíos de gestión de los próximos años.

Autora: Ayleen Madrid Quezada

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